lunes, 20 de marzo de 2017

BIBLIOTECARIOS Y LA JUSTICIA SOCIAL

Periódico Hoy
Publicado el: 10 marzo, 2017
Por: Teresa Peralta / tperaltacheco@gmail.com


El papel del bibliotecario frente a las desigualdades sociales debe ser primordial, no solo como individuo sino como un profesional que desempeña su trabajo en beneficio de la sociedad. Cada persona debe ser respetada como un individuo dentro de la sociedad, y la biblioteca como agente social destinada a satisfacer necesidades de información en una comunidad, debe esforzarse en promover los valores de equidad y justicia entre las personas.

Como ente social y gestor de conocimientos, no puede ser neutral frente a los problemas sociales y políticos de su comunidad, especialmente porque ejerce una función cuya principal característica es la democratización de la información.

En el marco teórico de las ciencias humanísticas se discute sobre la neutralidad profesional y se ha ido puntualizando posiciones desde hace un tiempo. López y López (2008) en un interesantísimo artículo sobre “El mito de la neutralidad en biblioteconomía y documentación” plantea que: “… frente a un orden social que genera enormes desequilibrios e injusticias sociales, sólo caben dos posturas: se cuestiona o se apoya ese orden. La inhibición, que pretende pasar por neutralidad, independencia, equidistancia, objetividad y otras imposturas intelectuales, sólo enmascara, y se traduce de facto en una postura de apoyo a ese orden social generador de injusticia”.

Ser neutral frente a los problemas sociales es ya una postura. De hecho existen por lo menos dos razones que nos obligan, desde la profesión de bibliotecarios a cuestionarnos. El primero es la fuente de financiación de las bibliotecas, especialmente de las públicas, que depende de las decisiones de los funcionarios al frente de la cosa pública. El invertir o no en bibliotecas y servicios de información es un asunto político y de políticas públicas.

El otro aspecto tiene que ver con el contexto cultural en el que vivimos, que no es neutral y que es definido ya que tiende a imponer límites. Aunque la pasividad no va con la profesión de bibliotecario, hay que tener cuidado ya que se nos ve más en lo que hacemos para organizar técnicamente la información. Pero sí es claro que intervenimos en la mediación entre los contenidos –todos ideologizados- y el acceso que tienen a ellos los ciudadanos.

El papel de la biblioteca y del bibliotecario frente a la sociedad es fundamental. “Ante un orden social que genera enormes desequilibrios e injusticias sociales, solo caben dos posturas: se cuestiona o se apoya ese orden” (López López, 2008).

La autora es catedrática universitaria y gestora cultural


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